Tecnología y comercio: dos claves para liberar el potencial de la agricultura en el Caribe

Una entrevista con el Dr. Víctor M. Villalobos sobre las perspectivas de la agricultura en la región

El Dr. Víctor M. Villalobos, Director del Instituto interamericano de Cooperación para la Agricultura, visitó las oficinas del Centro Técnico de Cooperación Agrícola y rural (CTA), en Wageningen, Países Bajos, el 13 de marzo de 2015.

Villalobos IICA 2 300IICA viene apoyando el desarrollo agrícola y el bienestar rural desde hace más de siete décadas en 34 países de las Américas (incluidos 14 países caribeños). El Instituto también cuenta con una oficina permanente para Europa ubicada en España.

Tras casi diez años de colaboración, ambas organizaciones firmaron un acuerdo en el marco de la undécima edición de la Semana Caribeña de la Agricultura, con el objetivo de desarrollar un abanico de actividades: desde la investigación y análisis de políticas, hasta el desarrollo de capacidades y la gestión de los conocimientos, todo ello a favor de los actores involucrados en la agricultura en el Caribe, en particular los planificadores de políticas, los emprendedores agrícolas, las organizaciones de campesinos, las mujeres y los jóvenes.

Latino América y el Caribe pueden contribuir a alimentar al planeta 

Según el Dr. Villalobos, los esfuerzos que se han hecho a favor del desarrollo agrícola y rural en los países de América Latina y del Caribe (ALC) están dando frutos. La región, que alberga abundantes recursos naturales y un sector agrícola sólido, tiene el potencial de asumir un papel de liderazgo en la agricultura del siglo XXI, según un informe recientemente publicado por Global Harvesting Initiative (la Iniciativa Mundial para las Cosechas) y el Banco Interamericano de Desarrollo.

“Existe un gran entusiasmo, particularmente en los países del sur [de América Latina], en la medida en que esta región del mundo va a jugar un papel cada vez más importante en proveer alimentos para el resto del mundo y garantizar la seguridad alimentaria mundial”, dijo Villalobos. “La apertura de los mercados y el posicionamiento de los productos son algunos indicios. Además, cada vez hay más productos con valor agregado. Por lo tanto, la región ya no se limita a proveer materias primas sino también a proveer productos con valora añadido, como es el caso de los lácteos y de los cortes de carne cada vez más especializados.”

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Conciliar la tecnología y la agricultura en el Caribe

Sin embargo, Villalobos puntualiza que los casos de América Latina y del Caribe no son comparables. “Quisiera analizar la situación del Caribe en el mismo contexto que el resto de los países, pero hay unas diferencias naturales que lo hacen particular o único. Entre otras, el propio idioma.” Según el Dr. Villalobos, el Caribe y ciertos países andinos y centroamericanos están siguiendo su propio camino hacia el desarrollo agrícola. Para que los esfuerzos realizados beneficien a los múltiples actores involucrados, “debemos asegurar la incorporación de tecnología más avanzada. Debido a las limitaciones actuales en lo que a suelo y agua se refiere, estamos trabajando para incorporar una tecnología que permita producir más, en la misma superficie y con menor huella hídrica.”

El Dr. Villalobos mantiene que la tecnología no solo es necesaria para la productividad, sino también para el manejo post-cosecha. “Hacemos mucho esfuerzo en la fase de producción y cuando el producto ya es cosechado, se pierde por transporte o por almacenamiento. Queda un trabajo de sensibilización por hacer.”

Economías caribeñas: rurales pero no necesariamente agrícolas  

Según el Dr. Villalobos, “desde la óptica agrícola, hay que tener en cuenta que, si bien las economías caribeñas son de carácter rural, no son necesariamente agrícolas. Invertir mucho esfuerzo en la productividad no va a tener gran repercusión. Por supuesto, seguimos fortaleciendo la productividad en las comunidades y en el marco de la agricultura familiar. Pero eso no es suficiente, en una región con niveles tan elevados de importación de alimentos.” De hecho la Comunidad y Mercado Común del Caribe (CARICOM) estimó en un informe que la región importa alrededor de 4000 millones de dólares en alimentos al año.  

“El Caribe puede cortar una parte de esa importación, o empezar a producir localmente parte de esos productos traídos del extranjero, pero para eso necesita verdaderamente una organización de mercado interno más sólida. Esto permitiría, por ejemplo, hacer economías de escala y comercializar los productos más estratégicamente, especialmente en países con vocación para determinados productos”, comenta Villalobos. En su opinión, para seguir reforzando el sector, hace falta mayor unión desde el punto comercial. “Gran parte de los países del Caribe siguen importando hasta un 75% de sus necesidades en cárnicos y lácteos, a pesar de que existen ciertos sistemas agrícolas en la región, como el de Jamaica, con una clara vocación para los pequeños rumiantes.”